Se llevó el viento la semana siguiente de conocerla,
donde los destinos convergieron en un mate compartido.
En el cerro, se fraguó el primer capítulo,
un encuentro de almas, de miradas entrelazadas, de destinos unidos.
El sol danzaba en las montañas, reflejando nuestro juego en su morada,
susurros del viento, tímidos y sinceros, como testigos de nuestra travesía.
Nos envolvíamos en un lenguaje ancestral
un pacto taciturno, un vínculo especial
Era un verano de promesas, de deseo en lo profundo,
mientras Otto guardaba secretos en su abrazo.
Pero como la nieve cede ante el ardor del verano,
su calidez se desvaneció con la primera ráfaga otoñal.
En mi adiós, la magia se desvaneció,
como el rocío ante el resplandor del alba.
Ecos de risas, recuerdos en la distancia,
un amor que se desliza en el río del tiempo, dejando su estela atrás de mí.
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