Bajo el manto estelar de la noche,
en el andén donde los sueños se deslizan como neblina,
se agolpan recuerdos punzantes como espinas,
y el corazón desgarrado y desbocado clama en su agónica calma.
Aguardando el tren, con el peso del pasado,
una desazón que emerge como espectro,
en la mente quebrada, en el espíritu fatigado,
donde el eco del adiós retumba como siniestro.
En la penumbra del andén, la desesperación se cierne,
el fantasma del tren bala danza en el aire,
y en un instante de desespero, el alma gime y tiembla,
ante la oscura tentación de poner fin al desaire.
Zahiriente, retumba el sonido metálico,
un escalofrío recorre las cervicales,
en el vaivén del viento, la susurrante la inquietud
de vivir en el lugar equivocado.
El farol sobre el cénit
interrumpe el tintinear de las estrellas,
y se muestra suspendido,
entre tu pesado recuerdo y las vías.
Una luz cegadora
a la velocidad de un rayo,
descubre el manto de oscuridad
y deja al andén desprovisto de toda sombra
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