En el crepúsculo de los sueños rotos,
donde la bruma acaricia el horizonte,
un susurro de encuentros no nacidos,
se desliza entre sombras y reflejos.
Un pez atrapado en una botella,
un faro inalcanzable en la marea nocturna,
y aunque mis pasos tratan de alcanzarte,
el destino teje hilos de distancia eterna.
Nos encontramos en esquinas de suspiros,
donde los ecos de risas se desvanecen,
un roce invisible en la tela del tiempo,
un destello que el alba desvanece.
Tu risa, un murmullo en el viento,
tus palabras, hojas en un río sin fin,
y aunque mis manos ansían tu tierra,
sólo quedan huellas en el jardín.
En el paisaje de promesas veladas,
donde los caminos se bifurcan sin retorno,
queda el anhelo de lo imposible,
un quizás que vive en la luz del contorno.
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