Le abrazaba algo titubeante
¿Hace cuánto no hacía esto?
No tenía importancia
Quería vivir el presente,
Sentir
Sentir algo más que la obligación del deber ser
Sentir que importaba
Al menos por ese instante
Al menos por un rato,
Pudo apagar su superyo
Cumpliendo sus pulsiones más primitivas
Disfrutar aquello
Detener el tiempo.
De a poco el abrazo se convirtió en caricia y esto le tranquilizó
Un sosiego que hace rato no tenía
Con su torpe mano instó en recorrer casi todo su cuerpo
Redescubriendo lo suave,
Cálido,
Relajante pero excitante que resultaba.
Sin separarse le giró la cabeza y le dio un beso,
Quizá el primero en mucho tiempo.
Tenerle tan cerca hizo que recordara su belleza.
Con una mano le sujetaba el cuello,
Suave pero firmemente
Mientras sus labios danzaban al ritmo de un blues
Su otra mano recorría el abdomen y sus piernas
Agitando así su respiración.
Como tocando la puerta pero sin animarse a entrar,
Fue descendiendo un poco más
Su respiración entrecortada y jadeante no hacían otra cosa,
Que volarle la cabeza.
Ya en un lecho recalcitrante
Infirió que le ropa sobraba,
Y por fin se encontraron (en el infierno) ambos cuerpos.
Escrutando cada milímetro,
Gozando cada milésima
Recordó por qué todos orbitan alrededor de aquello.
Le incrustó una perversión dulce
Salvajismo huracanado de ternura
Como el haz de luz,
Que se colaba por la hendija de la ventana
Se fueron difuminando hasta ser indistinguibles
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