Un destello en una tarde lluviosa
como la luna opaca al sol de noche
su sonrisa se llevó mi razón
un rayo que atravesó mi caparazón
Seguí la silueta de su semblante
y llegué a la cima del cerro.
El viento voló el tiempo
y pronto comprendí
Que la noche era fría
y su rostro un delator
Pero más acogedores que sus labios
resultaron sus caricias
Llenaron de lunas la noche
como un pez danzando entre sus piernas
le escribí un poema
a cada trazo de su piel.
Las vacaciones en su habitación
se embriagaban con nuestro calor
mientras la carne se fundía
en su único colchón
Un desayuno de besos me despertó,
la fría mañana tocó la puerta
y una mirada tierna
me decía adiós
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