Jamás voy a olvidar tu cara
Estupefacta y lánguida,
Al verme en orgánica
Como si una especie de deidad
Se presentara ante ti
Sorprendido
Y halagado ciertamente,
Comencé a observar.
Pero no fue hasta una mañana
En ese putrefacto y lúgubre comedor
Que me di cuenta
Tu mirar tímido,
Oteando diría yo,
Se cruzó con mi omnipresente mirar
En ese preciso instante pude admirar
Un pálido rostro
Ahora de mirada esquiva
Casi ruborizada
Unos bellos ojos
Que transmitían
La serenidad de un océano, pacífico
De aguas profundas
De un exultante azul
De una timorata dueña.
Al verte la otra noche
Visitarte en tu casa
Quedé embelesado
Frente a la reverberancia de tu figura
Nada especial
Nada exagerado
Nada más,
Simplemente fruido
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